El Plan Estratégico Naval dispone como será empleado el poder naval de la Nación para contribuir al logro de los objetivos políticos y militares que garanticen la vigencia de los intereses vitales de Colombia.
Ganar la guerra al narcoterrorismo es nuestra prioridad, no será rápido ni fácil pero la victoria es nuestra meta y la alcanzaremos. Por consiguiente todos los esfuerzos de la institución en los aspectos de administración y desarrollo del talento humano, de manejo de la información, de las operaciones, de doctrina, de táctica, de logística, de innovación, de liderazgo y de la protección de nuestras propias fuerzas serán desarrollados armónicamente para cumplir nuestra misión y alcanzar la visión. En este sentido el Comando de la Armada Nacional ha establecido los siguientes lineamientos para la formulación y desarrollo de la estrategia naval:
La valoración de los potenciales propios y los de los actuales o potenciales enemigos o adversarios, así como el análisis sobre su naturaleza y evolución han sido la principal consideración del mando naval al formular las metas y objetivos del Plan Estratégico Naval.
La valoración adecuada de dichos potenciales será una tarea constante que permita desarrollar cursos de acción más precisos y soportar mejor la toma de decisiones.
La Armada Nacional concentrará toda su capacidad naval militar en contribuir a la consolidación de la Política de Seguridad Democrática del Gobierno Nacional. Los recursos humanos y materiales, la información, el conocimiento y la gestión de comando se desarrollarán y emplearán en el marco de estrategias y acciones concebidas para garantizar esta consolidación, y la principal contribución será la eliminación de la amenaza narcoterrorista que se cierne sobre la nación, el Estado y los recursos del país.
Al estar en juego intereses vitales de la Nación, es deber de la Armada Nacional aplica la suficiente fuerza para proyectar inequívocamente la intención de obtener una victoria, orientada al logro de los objetivos militares y políticos.
El desafío terrorista se constituye en un reto para la Armada Nacional, pues implica reorientar el empleo de los medios para generar fortalezas frente a un enemigo asimétrico y así contribuir significativamente con las capacidades humanas y tecnológicas de la institución a dar un vuelco estratégico al desarrollo del conflicto.
La conducción de la Armada en la guerra debe caracterizarse por su contundencia y flexibilidad, la respuesta del poder naval a la asimetría de la guerra a la cual ha sido expuesta será, el empleo eficaz de sus medios, la superioridad tecnológica y de información, la garantía de la protección de la población, la conservación de los recursos y la preservación de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional
Humanitario.
La flexibilidad y el empleo adecuado y coordinado de los medios y componentes permitirá afrontar la guerra simultáneamente en los distintos escenarios. Sin embargo solo nuestra acción conjunta y coordinada con las otras Fuerzas Militares y organismos estatales permitirá generar las sinergias operacionales necesarias para garantizar la victoria.
El talento humano, los miles de hombres y mujeres que conforman la Armada Nacional, deben entender el momento histórico que la institución vive y que solo con su compromiso, profesionalismo y sacrificio se alcanzará el horizonte de un país en paz. Su formación, capacitación y entrenamiento serán una preocupación constante para incrementar el nivel de alistamiento de todas nuestra unidades.
Nuestros recursos presupuestales son y seguirán siendo escasos y su futura disponibilidad es un factor de incertidumbre para la fuerza, por esto la eficiencia y transparencia en su empleo serán decisivas en el logro del objetivo final.
La planificación y administración adecuada de los medios disponibles durante todas las etapas del proceso logístico, incluida la adquisición, asignación, empleo y retiro, serán el pilar que soporte la eficiencia operacional de la Armada Nacional.
La organización y el material naval deben evolucionar para adaptarse a la estrategia diseñada, la aplicación de la estrategia no debe restringirse a la disponibilidad y empleo de los medios, son estos los que deben ajustarse a ella a través de la evolución de la doctrina naval.
Solo una organización dinámica facilitará el establecimiento de canales de mando y sistemas de información que permitan la aplicación de la estrategia naval en todos los niveles.
La Armada Nacional solo podrá aplicar su poder de combate de manera efectiva si la Fuerza se moviliza en un ambiente interno y externo conocido y adecuado.
El concepto de acción integral se ampliara para cobijar aspectos que garanticen el establecimiento de un entorno que incluya, además de los temas ya manejados de guerra política, el tema ambiental, temas educativos, la generación de opinión y la calidad naval.
Se deben conocer y explotar las fortalezas propias y transformar las debilidades en nuevas fuerzas que generen sinergia en las capacidades de la Armada Nacional.
La reevaluación permanente de las estrategias no significará un cambio en el propósito final, sino por el contrario es la manera como la institución responde de manera flexible a las cambiantes amenazas para garantizar el éxito.
El desarrollo de estos lineamientos estratégicos, su materialización a través del empleo de estrategias para alcanzar metas y objetivos serán el derrotero de la institución hasta la obtención de la victoria final, momento en el cual empezaremos a vivir la Armada del Futuro.