Juan Gossaín: Historia de una monstruosa infamia, José Padilla: el libertador del agua

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Wednesday, July 23, 2014 - 11:45
Juan Gossaín: Historia de una monstruosa infamia, José Padilla: el libertador del agua

Ahora, cuando estamos celebrando los doscientos años de la Declaración de Independencia de Colombia, ahora es el momento oportuno para decirlo con franqueza y con toda la claridad posible: la historia oficial de nuestros próceres ha sido tan tergiversada, de buena o de mala fe, que algunos de ellos han recibido a lo largo de estos dos siglos mucho más desconocimiento del que en realidad merecen. Otros, en cambio, y por lo contrario, han sido ultrajados con el olvido e, incluso, con la calumnia y la infamia.

No tengo ninguna duda de que el almirante José Prudencia Padilla ha sido la víctima más dolorosa de esta injusticia histórica. Pagó el precio de las intrigas ajenas con su propia vida, y no solo una, sino dos veces:

Primero lo fusilaron y luego lo ahorcaron en Bogotá en 1828, acusado mañosamente del terrible delito de traición a la patria, la misma patria que él había ayudado a fundar con dignidad y con valentía. De esa página negra de la historia nacional se cumplirán 183 años en el próximo mes de octubre. Espero que a nadie se le ocurra conmemorar el aniversario de semejante crimen, como no sea para condenarlo con energía.

Como si fuera poco, y como si sus enemigos no conocieran límite alguno en su ensañamiento contra el almirante, en 1830, dos años después de haber sido ejecutado, se cumplió el terrible decreto del gobierno que ordenaba que la memoria de Padilla fuera borrada de la historia de Colombia, eliminada de los archivos y desterrada para siempre de todos los registros y documentos.

Y, sin embargo, aquí estamos hoy, aunque hayan transcurrido tantos años, rindiéndole homenaje a quien honor merece, a un hombre inocente, el más grande marino de nuestra historia, héroe a carta cabal y paradigma de las gentes del Caribe. Si me atrevo a decir que Padilla fue el Bolívar de nuestros mares, es porque desde niño me he tomado el trabajo de estudiar detenidamente su vida, su carrera y su tragedia hasta llegar a la conclusión de que en realidad fue un chivo expiatorio, la víctima de una conjura siniestra, el mulato que terminó pagando las iniquidades que se han venido incubando en la política colombiana desde el día del descubrimiento.

 

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